Efectos Negativos Del Castigo Canino

Hay cosas que nuestro perro puede hacer que resultan frustrantes. Como animales, interactúan con su entorno de diferentes maneras y no siempre comprenden los límites de la sociedad humana. Por eso es tan importante socializar y educar a los perros desde pequeños. Al final aprenderán qué es Comportamiento apropiado y lo que no lo es. A menudo pueden realizar acciones que para nosotros son destructivas e incluso podemos percibirlas como irrespetuosas. Pensar en las acciones del perro en términos humanos es incorrecto y contraproducente. Puede llevar a castigar al perro y utilizar refuerzo negativo.

En Wiki Animales analizamos efectos negativos del castigo del perro. Entendemos cómo esto afecta la salud y el bienestar del perro, además de mostrar lo ineficaz que es como método de enseñanza.

Tipos de castigo en perros

En el ámbito de la educación canina, tanto el refuerzo como el castigo se dividen en dos grupos generales: positivos y negativos. Esta terminología puede generar cierta confusión, ya que estamos acostumbrados a asociar la palabra ‘positivo‘con algo bueno y’negativo‘ con algo malo, pero el significado tiene más matices en este contexto. También debemos distinguir entre los diferentes tipos de refuerzo de conductas.

Estos diferentes tipos de castigo se pueden desglosar utilizando algo llamado «teoría del aprendizaje». Esto hace referencia a los enfoques que tenemos en la educación canina y son los siguientes:

  • Castigo positivo: el término «positivo» en este contexto se refiere al uso de un estímulo desagradable que se introduce después de que el perro hace algo que percibe como indeseable. Por ejemplo, si el perro ladra fuerte entonces lo golpeamos físicamente, le gritamos, tiramos fuerte de su correa o incluso utilizamos equipos como un collar de descarga eléctrica.
  • Castigo negativo: el término «negativo» en este contexto se refiere a la eliminación de un estímulo placentero que se introduce después de que el perro hace algo que percibe como indeseable. Por ejemplo, si el perro está haciendo algo destructivo, inmediatamente le quitamos el juguete, le quitamos la comida, dejamos de prestar atención o finalizamos un paseo bruscamente.
  • Refuerzo positivo: cuando un perro hace algo que percibimos como deseable, le proporcionamos algún estímulo positivo. Por ejemplo, cuando el perro realiza la acción correcta tras una orden, le damos una golosina. Otros tipos de refuerzo positivo incluyen palabras de aliento, acariciarlos, darles un juguete o dejarles hacer algo y luego disfrutar.
  • Reforzamiento negativo: cuando un perro no hace algo que queremos que haga, le proporcionamos un estímulo negativo para animarle a realizar el comportamiento correcto. Por ejemplo, cuando un perro no camina cerca de nosotros, tiramos bruscamente de la correa para alinearlo. Otros ejemplos de refuerzo negativo incluyen gritar, golpear y proporcionar cualquier tipo de estímulo desagradable.

¿Qué consecuencias puede tener castigar a un perro?

Todo perro realiza determinadas conductas en diferentes momentos que pueden resultarnos desagradables. Estas pueden ser tan simples como tirar de una correa al caminar, pero también pueden incluir ladrar al timbre, destrozar el césped o cualquier acción que consideremos indeseable.

No sólo es normal que queramos inhibir determinadas conductas caninas, es necesario vivir en el entorno doméstico. La domesticación canina es un proceso que ha llevado miles de años, dando como resultado la capacidad de un perro de convivir en paz con los humanos en sus hogares. Establecer límites de comportamiento y restringir sus instintos salvajes ha dado como resultado las relaciones que tenemos con los perros hoy en día.

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Este proceso de domesticación es controvertido, pero tampoco va a revertirse en el corto plazo. Decir que es un proceso que siempre ha respetado la integridad física, emocional y social de cada perro sería falso. Sin embargo, tampoco es cierto afirmar que castigar o abusar de los perros sea necesariamente la mejor manera de fomentar la coexistencia pacífica.

Para comprender cuál es la mejor manera de adiestrar perros, es fundamental saber qué consecuencias puede generar el uso y abuso de los castigos en el ámbito de la educación canina.

Aparición y agravamiento de inseguridades, miedos y fobias.

A menudo, los comportamientos que consideramos inaceptables son meras reacciones naturales de nuestro perro ante determinados estímulos. Cuando algo en su entorno les causa inseguridad, reaccionarán ante ello. Incluso los perros mejor entrenados pueden experimentar algo que les cause inseguridad. Sin embargo, si el perro está adecuadamente educado, debe tener las habilidades para gestionar estos sentimientos de inseguridad y la confianza en su tutor ayudará a tranquilizarlo.

Cuando utilizamos el castigo, podemos empeorar su miedo. Esto puede provocar fobias importantes que tendrán un efecto gravemente perjudicial para su salud mental. Por ejemplo, si regañas a un perro cada vez que le ladra a otro perro en la calle, empezará a asociar a otros perros con el miedo. La próxima vez que se encuentran con uno, su mente hace esta asociación negativa y puede conducir a graves problemas de conducta.

Si tu perro ya se siente excitado o inseguro ante la presencia de otros perros, añadir un castigo a este contexto puede provocar que el estímulo en cuestión sea visto como algo cada vez más negativo y/o amenazante, aumentando su ansiedad. Aprende más sobre la vocalización canina con nuestro artículo sobre por qué los perros ladran a nada.

Mayor frustración y sensación de confusión.

Cuando adoptamos un perro, es importante que todos los miembros de la familia se pongan de acuerdo para establecer unas normas de convivencia coherentes. La coherencia es vital en la educación canina. Si no somos constantes en el adiestramiento del perro, éste puede confundirse, frustrarse y estresarse. Por ejemplo, si algunos miembros de la familia permiten que el perro se suba al sofá y otros les gritan que se bajen, el perro no conocerá reglas de comportamiento aceptables.

Del mismo modo, castigar sistemáticamente comportamientos que son completamente normales en un perro le hará daño. Estos comportamientos pueden incluir comer algo del suelo, perseguir animales o rodar por el césped. Cuando un perro realiza estos comportamientos, no lo hace porque se sienta mal. Podemos intentar reconducir estas conductas hacia algo más positivo, pero si les regañamos y castigamos no lo entenderán.

Desarrollo de problemas de estrés y ansiedad.

Uno de los mayores errores que cometen los tutores con su perro es humanizándolos. Si bien puede ser divertido disfrutar de sus personalidades y fingir que son humanos, tratarlos como tales es perjudicial. Regañar y castigar a los perros a menudo se hace sin contexto para el animal. Podemos suponer que saben lo que queremos decir, pero esta suposición puede ser errónea. Está relacionado con las limitaciones de la comunicación entre humanos y perros.

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Por ejemplo, si llegas a casa y un perro destruyó el cojín del sofá más temprano ese día, es posible que te enojes. Puedes gritarle o castigarle, pero el perro no sabrá a qué te refieres. La destrucción del cojín puede haber sido sólo un poco de diversión en su época. Desde su perspectiva, los estás castigando simplemente por estar callados en algún lugar. Esto puede ser muy estresante y dañino.

Comportamiento amenazante o agresivo.

Aprender a reconocer e interpretar el lenguaje canino es uno de los factores más importantes a la hora de compartir la vida con un perro. Los perros y los humanos no utilizan el lenguaje de la misma manera, pero pueden comunicarse. El sonido se utiliza para dar órdenes y transmitir emociones, pero lenguaje corporal Es muy importante en la comunicación canina. Utilizan posturas corporales, expresiones faciales y otros signos físicos para transmitir emociones y deseos.

Algunos de estos son más obvios que otros. Por ejemplo, si un perro está enojado, puede rechinar los dientes y gruñir. Sin embargo, esto suele ocurrir después de algunos signos menos evidentes. Los perros utilizan señales calmantes para intentar calmar ciertas agresiones percibidas. Es posible que desvíen la mirada o bostecen al hacerlo, y sólo se vuelven agresivo cuando la amenaza percibida aumenta.

Dado que los tutores malinterpretan gran parte del lenguaje de los perros, castigarlos puede empeorar las cosas. Si los castigamos por gruñir o gruñir, es posible que sentirse bajo ataque. En el futuro, es más probable que recurran directamente a la agresión como forma de expresión, lo que puede resultar peligroso.

Vínculo deteriorado entre perro y tutor

Una de las consecuencias más evidentes del castigo sistemático y abusivo es la destrucción del vínculo entre el perro y su tutor. Un perro que no se siente comprendido y que es castigado frecuentemente no confiará en su tutor. Su actitud puede volverse cautelosa al principio e incluso puede volverse agresión.

Por ejemplo, el miedo a ser castigados es la razón por la que muchos perros evitan volver con sus tutores cuando los llaman. Algunos guardianes verán esto como una desobediencia y luego los castigarán por ello, repitiendo un ciclo que se autocumple. La ansiedad que supone vivir en un entorno de incertidumbre sobre si serán castigados puede provocar la aparición de problemas como estereotipias o aprendizajes. impotencia.

Impotencia aprendida y comportamiento apático.

La impotencia aprendida es un estado de pesimismo, similar a la depresión. Un animal puede desarrollarlo cuando siente que no puede hacer nada para mejorar la situación en la que se encuentra. El resultado es que se dan por vencidos y dejan de responder a los estímulos. Los perros pueden sufrir de indefensión aprendida cuando se les somete con frecuencia a ejercicios inconsistentes, incoherentes, dolorosos o castigo incomprensible.

Suponiendo que serán castigados por su comportamiento, dejan de hacer nada y se vuelven apáticos. Llegados a este punto, los tutores consideran que su entrenamiento ha sido efectivo y que han logrado educar a sus perros con éxito. En realidad, muchas veces causan tanto miedo que no se atreven a reaccionar. Esto es algo que perjudica gravemente su comportamiento, salud y bienestar.

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Lesiones físicas causadas por herramientas de castigo.

Cuando los castigos son físicos y se llevan a cabo mediante métodos nocivos, pueden provocar traumas físicos. Estas lesiones del animal pueden acabar requiriendo atención veterinaria urgente. Este es el caso de los collares de descarga eléctrica, que pueden provocar quemaduras graves o collares de estrangulamientoque puede provocar colapso traqueal y asfixia.

¿Es bueno castigar a un perro?

Después de revisar el consecuencias del castigo en perros, podemos deducir que efectivamente es inútil castigar a nuestro perro. Esta acción sólo desarrollará en ellos miedo, frustración y desconfianza. Por este motivo, muchos cuidadores de perros pueden verse en situaciones en las que su perro les empieza a tener miedo y su vínculo se ve gravemente dañado. En estos casos, es importante darse cuenta del error, no volver a cometerlo, volver a ganarse la confianza del perro y, sobre todo, aprender a utilizar herramientas y técnicas que respeten al animal.

¿Se puede entrenar a un perro sin castigarlo?

Afortunadamente, existen tanto tutores como profesionales de la educación canina que rechazan por completo el uso de castigos que conduzcan a daños emocionales o físicos. En cambio, dependen de metodologías de formación y educación que utilizan la comprensión basada en la ciencia y respetan la naturaleza del animal.

Entrenamiento cognitivo-emocional se centra en estudiar, comprender y mejorar las capacidades físicas, cognitivas, sociales y emocionales de los perros. Al hacerlo, podemos gestionar mejor su entorno y sus interacciones de acuerdo con sus necesidades. En este caso, la modificación de la conducta se realiza mediante ejercicios planificados y se basa en la empatía, no simplemente en someter la voluntad del perro a la nuestra.

Estos enfoques se adaptan a las necesidades de cada perro y consideran sus necesidades específicas. Buscan comprender la causa de los problemas de conducta en lugar de simplemente intentar cambiar sus manifestaciones, es decir, tratar la causa, no el síntoma. Lo hacen proporcionando autonomía a los animales y fomentando su toma de decisiones, siempre que sea posible.

Esta y otras metodologías actualizadas y respetuosas con los perros no tienen por qué eliminar por completo el uso de determinados castigos negativos. Es comprensible, es posible que tengamos que decir «no» de vez en cuando, por ejemplo. Pero los usan de tal manera que el perro pueda entenderlos y siempre dentro de su contexto. No se debe crear ningún tipo de daño físico ni emocional y se redirige la conducta. Siempre que sea posible se utiliza refuerzo positivo.

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Bibliografía
  • Hernández Garzón, P. (2012). Manual de Etología Canina (1ª ed.). SERVIR.
  • López García, CA (Ed.). (2014). Tu perro piensa y te ama: entrenar perros no es lo que te han dicho Dogalia, 1(1).