Los animales terrestres son aquellos que han adaptado su biología, su fisiología y su comportamiento para vivir la mayor parte o la totalidad de su existencia sobre la superficie de la tierra firme. Pero esa definición, tan escueta como precisa, no hace justicia a la extraordinaria diversidad de formas de vida que abarca. Piensa en el bisonte americano cruzando una pradera infinita bajo el cielo de Wyoming; en una araña tarántula aguardando inmóvil bajo una roca del desierto; en un gorila de montaña masticando hojas en la niebla de los bosques de Camerún; en una zarigüeya que, acorralada por un depredador, toma la decisión evolutivamente brillante de fingir su propia muerte. Todos son animales terrestres. Todos han resuelto el desafío de sobrevivir en ecosistemas tan distintos como la tundra ártica, la sabana africana, los bosques templados, los desiertos secos o las vastas Grandes Llanuras de América del Norte. Pueden ser carnívoros, herbívoros u omnívoros; pueden tener dos patas, cuatro, seis, ocho o más; pueden medir desde un centímetro hasta cuatro metros de altura. Lo que los une no es el tamaño ni la forma, sino esa adhesión fundamental a la tierra. En este artículo del equipo editorial de Wikianimales encontrarás 29 ejemplos fascinantes de animales terrestres de América del Norte y de otros continentes, con sus características biológicas más relevantes, sus datos más sorprendentes y los detalles que los hacen únicos en el reino animal.
¿Qué es exactamente un animal terrestre?
El término «terrestre» proviene del latín terra, que significa tierra. Un animal terrestre es aquel que vive y desarrolla la mayor parte de sus actividades vitales sobre el suelo, a diferencia de los animales acuáticos —que habitan en agua dulce o salada— o los arbóreos —que pasan la mayor parte de su tiempo en los árboles—. La categoría es más matizada de lo que parece: algunos animales, como el hipopótamo, pasan muchas horas en el agua pero siguen siendo técnicamente terrestres porque dependen de la tierra firme para aspectos críticos de su biología. Otros, como los canguros o los avestruces, nunca se adentran voluntariamente en el agua pero están completamente ligados al suelo.
Dentro de los terrestres existen también subcategorías específicas: los arenícolas viven enterrados en suelos arenosos, los animales de troglofauna habitan exclusivamente en cuevas, y los fosoriales pasan la mayor parte del tiempo excavando bajo tierra. La diversidad de adaptaciones que ha producido la evolución para sobrevivir en los distintos ecosistemas terrestres del planeta —tundras, bosques, desiertos, praderas, montañas, sabanas— es, sencillamente, una de las historias más fascinantes de la biología.
29 ejemplos de animales terrestres del mundo
1. Bisonte americano

Nombre científico: Bison bison
El bisonte americano es el animal terrestre más grande de América del Norte y uno de los símbolos más poderosos de la historia del continente. Los toros machos pueden alcanzar los 907 kilogramos y superar el metro ochenta de altura hasta el hombro. Tras ser llevados casi a la extinción total por la caza masiva del siglo XIX —la población pasó de más de 60 millones a unos pocos centenares—, los esfuerzos de conservación han permitido cierta recuperación. Viven en manadas sociales que varían desde pequeños grupos familiares hasta congregaciones de 500 individuos y se alimentan de pastos nativos de las Grandes Llanuras. Sus cuernos de queratina sirven para defenderse de lobos, establecer jerarquía y atraer parejas.
2. Berrendo o antílope americano
Nombre científico: Antilocapra americana
Si hay un animal que personifica la velocidad en América del Norte, ese es el berrendo. Capaz de sostener 88 kilómetros por hora durante varios kilómetros, es el segundo animal terrestre más rápido del mundo, solo superado por el guepardo africano, que se fatiga mucho antes. Lo fascinante del berrendo es que esa velocidad sobrenatural evolucionó para escapar de depredadores que ya se extinguieron hace miles de años —guepardos americanos, leones de las cavernas—, lo que convierte al antílope en un fantasma de una ecología desaparecida. Protegido por la Ley de Especies en Peligro de Extinción tras su drástico declive en el siglo XX, sus poblaciones se recuperan progresivamente.
3. Borrego cimarrón

Nombre científico: Ovis canadensis
Pocas imágenes en la naturaleza son tan espectaculares como la de dos carneros cimarrones chocando frontalmente sus enormes cuernos enroscados a cientos de metros de altura en las Montañas Rocosas. El impacto produce un sonido seco y poderoso audible a kilómetros de distancia. Sus cuernos pueden pesar más de 14 kilogramos —más que el resto de los huesos del cuerpo combinados— y son tanto arma como señal de estatus social. Gracias a pezuñas con almohadillas rugosas que se adhieren a las superficies como ventosas, el borrego cimarrón se desplaza con una agilidad asombrosa por pendientes que paralizarían a cualquier otro mamífero. Después de estar al borde de la extinción, hoy está protegido por ley federal.
4. Alce o wapití

Nombre científico: Cervus canadensis
El alce o wapití es el ciervo más grande de América del Norte: los machos alcanzan 1,5 metros de alzada y pueden superar los 500 kilogramos durante la temporada de celo. Sus astas, que se renuevan completamente cada año, pueden medir más de 1,2 metros de ancho y son una de las estructuras de crecimiento más rápido del reino animal. La «berrea» otoñal, cuando los machos compiten ferozmente emitiendo bramidos estridentes que resuenan por los valles de montaña, es uno de los espectáculos sonoros más impresionantes de la fauna norteamericana. Ramoneador y herbívoro, el alce se alimenta de hojas, brotes y corteza; su período de gestación oscila entre 8 y 9 meses.
5. Venado de cola blanca

Nombre científico: Odocoileus virginianus
El venado de cola blanca es probablemente el ungulado más adaptable del continente americano. Habita desde bosques densos y cerrados hasta parques suburbanos y márgenes de autopistas, lo que lo convierte en uno de los animales terrestres más comúnmente vistos por humanos en América del Norte. Su cola blanca alzada en señal de alarma —que da nombre a la especie— es un sistema de comunicación intraespecífica: advierte a los demás miembros del grupo de la presencia de un peligro. Durante el celo otoñal, los machos pueden perder hasta el 25% de su masa corporal persiguiendo incansablemente a las hembras. Se alimenta de pastos, hierbas, bellotas y frutas según la estación.
6. Faisán de cuello anillado

Nombre científico: Phasianus colchicus
Un dato que sorprende a muchos: el faisán de cuello anillado, tan icónico en las praderas y campos de América del Norte, no es nativo del continente. Originario de China, fue introducido en Oregón a finales del siglo XIX, donde se hibridó con faisanes europeos también liberados para generar la variedad que hoy conocemos. Esta historia de hibridación accidental y exitosa instalación ecológica lo convierte en uno de los ejemplos más llamativos de especie introducida que ha prosperado sin convertirse en invasiva. Omnívoro oportunista, come insectos, semillas, granos y bayas, y se adapta sin dificultad a zonas agrícolas y praderas abiertas.
7. Ardilla listada o chipmunk
Nombre científico: Tamias striatus
Pequeñas, veloces y con una energía que parece inagotable, las ardillas listadas o chipmunks son uno de los roedores terrestres más queridos de América del Norte. Sus rayas dorsales características —cinco líneas oscuras sobre un pelaje pardo rojizo— les sirven de camuflaje entre la hojarasca y las raíces del bosque. Viven en sistemas de madrigueras subterráneas elaborados que incluyen cámaras separadas para dormir, almacenar alimento e incluso excretar, lo que las convierte en ingenieras del suelo por derecho propio. En zonas de camping frecuentadas, pierden completamente el miedo a los humanos y no dudan en explorar mochilas y tiendas de campaña en busca de comida. Omnívoras, comen nueces, semillas, bayas, hongos e insectos.
8. Marmota común o groundhog
Nombre científico: Marmota monax
La marmota común es, quizás, el único roedor del mundo con su propio día festivo nacional: cada 2 de febrero, la famosa Punxsutawney Phil sale de su madriguera en Pensilvania ante las cámaras de todo el país para «predecir» si el invierno durará seis semanas más. La tradición, de raíces europeas paganas, mezcla folclore y biología de una forma que ha resistido al tiempo. Más allá de su fama popular, la marmota es un excavador formidable: sus madrigueras pueden extenderse más de seis metros y tienen múltiples entradas y salidas. Durante el invierno hiberna en estado de letargo profundo, reduciendo su temperatura corporal y su ritmo cardíaco drásticamente.
9. Coyote
Nombre científico: Canis latrans
Si hubiera que elegir al animal terrestre más adaptable de América del Norte, el coyote sería un candidato serio. Ha expandido su rango geográfico a lo largo del siglo XX mientras la mayoría de los grandes carnívoros retrocedían, colonizando suburbios, parques urbanos y hasta el interior de grandes ciudades como Los Ángeles o Chicago. Es inteligente, social y oportunista: puede cazar cooperativamente en manadas de hasta veinte individuos para abatir presas medianas, o solitariamente para atrapar ratones y zarigüeyas. También es carroñero cuando la ocasión lo merece. Su aullido nocturno, que puede escucharse a kilómetros de distancia en las noches despejadas del desierto, es uno de los sonidos más evocadores del Oeste americano.
10. Puercoespín norteamericano

Nombre científico: Erethizon dorsatum
El puercoespín norteamericano porta aproximadamente 30.000 púas en su espalda, cada una de ellas con micropúas en la punta que hacen que, una vez clavada en la piel de un depredador, sea muy difícil de extraer. Un mito persistente afirma que los puercoespines lanzan sus púas; en realidad, no pueden hacerlo. Lo que hacen es erizarlas y dar la espalda al agresor, de modo que el contacto físico del depredador es el que las transfiere. Antes de llegar a ese punto, liberan un olor almizclado desagradable y castañetean los dientes como advertencias progresivas. Son herbívoros y suben a los árboles con notable facilidad para roer corteza y alimentarse de hojas y brotes.
11. Armadillo de nueve bandas
Nombre científico: Dasypus novemcinctus
El armadillo de nueve bandas es el único representante de su orden que ha colonizado de forma natural los Estados Unidos, y continúa expandiendo su rango hacia el norte año tras año. Su nombre en español —que significa literalmente «pequeño blindado«— describe a la perfección su característica más llamativa: las nueve bandas de armadura ósea flexible que recubren su espalda y que, cuando se siente amenazado, le permiten enrollarse formando una bola compacta. Pariente evolutivo de los perezosos y los osos hormigueros, es omnívoro y oportunista: devora escarabajos, larvas, hormigas, lombrices y fruta caída con igual entusiasmo. Sus madrigueras, de más de cuatro metros de extensión, tienen múltiples entradas y salidas.

Dasypus novemcinctus
12. Serpiente de cascabel de espalda de diamante occidental
Nombre científico: Crotalus atrox
La cascabel de espalda de diamante occidental es la serpiente venenosa más grande y peligrosa de América del Norte, capaz de superar los dos metros en ejemplares excepcionales. Su característica más reconocible —el cascabel formado por segmentos de queratina en la punta de la cola— es en realidad una señal de advertencia generosa hacia potenciales amenazas. Antes de atacar, la serpiente sacude el cascabel, erizará el cuerpo en posición de defensa y silbará. Es un depredador de emboscada paciente que puede permanecer completamente inmóvil durante horas aguardando a que un roedor pase al alcance de su golpe. Su veneno hemotóxico puede ser mortal sin tratamiento médico, pero con antiveneno administrado rápidamente, la tasa de supervivencia en humanos es muy alta.
13. Urogallo de las praderas

Nombre científico: Tympanuchus cupido
Los urogallos de las praderas son el barómetro de la salud de los pastizales nativos de América del Norte. Cuando las praderas prosperan, prosperan ellos; cuando las praderas desaparecen bajo el arado, los urogallos desaparecen con ellas. Su danza de cortejo, realizada en arenas colectivas llamadas leks, es uno de los espectáculos de la naturaleza más elaborados del continente: los machos hinchan sacos de aire de color naranja en el cuello, golpetean el suelo con sus patas, erigen las plumas caudales en abanico y producen un sonido retumbante que puede escucharse a kilómetros de distancia. Algunas subespecies ya están extintas; otras siguen en estado crítico como consecuencia de la pérdida masiva de su hábitat.
14. Lobo gris

Nombre científico: Canis lupus
El lobo gris lleva más de 25.000 años en América del Norte y es, según la ciencia, el ancestro directo de todos los perros domésticos actuales, a través de un proceso de domesticación que comenzó hace entre 15.000 y 40.000 años. Es el cánido salvaje más grande del continente y un depredador de caza cooperativa extraordinariamente eficiente: las manadas familiares de hasta quince individuos coordinan sus movimientos para abatir presas de gran tamaño como alces, caribúes y bisontes. Su pelaje de doble capa les permite tolerar temperaturas de hasta -40°C. Reintroducido en Yellowstone en 1995 tras décadas de ausencia, su retorno demostró de forma espectacular cómo la presencia de un gran depredador puede transformar positivamente un ecosistema entero: las llamadas «cascadas tróficas».
15. Puma o león de montaña

Nombre científico: Puma concolor
El puma es el felino de mayor distribución geográfica del hemisferio occidental: su rango se extiende desde el Yukón canadiense hasta la Patagonia argentina. También es campeón de los nombres: puma, cougar, pantera del norte, león de montaña, catamount… en ningún otro mamífero se documentan tantos nombres distintos para la misma especie. Es un cazador solitario y sigiloso que puede pesar hasta 125 kilogramos y derribar presas tan grandes como un alce joven mediante un ataque sorpresa desde emboscada, mordiéndola en la nuca para cortar la médula espinal o asfixiarla. Aunque raramente ataca a humanos, su presencia en áreas suburbanas del oeste de Estados Unidos va en aumento a medida que su hábitat se fragmenta.
16. Jirafa

Nombre científico: Giraffa camelopardalis
La jirafa es el animal terrestre más alto que existe: sus patas solas superan el metro ochenta, y su cuello puede añadir otros dos metros más. Esta arquitectura corporal tan singular, moldeada por millones de años de presión selectiva en la sabana africana, le permite acceder a follaje en las copas de las acacias que ningún otro herbívoro puede alcanzar. Lo que muchos no saben es que la jirafa tiene la misma cantidad de vértebras cervicales que un ser humano: siete. Simplemente, cada una de ellas mide hasta treinta centímetros. Su corazón es uno de los más potentes del reino animal, pesando entre 11 y 12 kilogramos, necesario para bombear sangre hasta el cerebro a más de tres metros de altura. La especie está clasificada como vulnerable a nivel global.
17. Osos

Nombre científico: Ursus arctos
Los osos son los omnívoros más grandes de los ecosistemas terrestres templados y boreales del hemisferio norte. Con un sentido del olfato hasta 2.100 veces más agudo que el humano, pueden detectar olores a más de 30 kilómetros de distancia, lo que explica por qué aparecen en campamentos atraídos por restos de comida que los humanos consideran bien sellados. La mayor parte de la dieta del oso pardo o grizzly es vegetal: bayas, raíces, bulbos y brotes constituyen más del 80% de sus calorías. Sin embargo, durante la carrera del salmón en los ríos de Alaska, los grizzly se congregan en las cascadas y demuestran ser pescadores extraordinariamente hábiles. Más del 95% de la población de grizzly de Estados Unidos vive en Alaska, con poblaciones menores en Montana, Wyoming e Idaho.
18. Elefantes

Nombre científico: Loxodonta africana
Los elefantes son los animales terrestres más grandes que existen actualmente sobre la Tierra, y también los que poseen el cerebro más pesado del reino animal: aproximadamente cinco kilogramos en un adulto. Esa masa cerebral se traduce en capacidades cognitivas sin igual entre los no primates: reconocimiento en espejo, duelo por los muertos, resolución creativa de problemas y memorias que pueden durar décadas. Se comunican mediante infrasónidos por debajo de los 20 Hz —completamente inaudibles para los humanos— que pueden viajar decenas de kilómetros a través del suelo. Las tres especies reconocidas actualmente —el elefante asiático, el elefante africano del bosque y el elefante africano de la sabana— están todas en categorías de amenaza, principalmente por la caza furtiva y la pérdida de hábitat.
19. León africano

Nombre científico: Panthera leo
El rugido de un león macho adulto en libertad puede escucharse a más de 8 kilómetros de distancia en condiciones atmosféricas favorables. Es un sonido que ha disparado instintos de alerta en los primates durante millones de años, y que hoy sigue provocando una respuesta visceral incluso en quienes lo escuchan desde la seguridad de un vehículo de safari. El león es el único felino verdaderamente social: vive en manadas llamadas orgullos, con una estructura matriarcal en la que las hembras realizan la mayor parte de la caza cooperativa. Los machos dedican la mayoría de su tiempo a vigilar el territorio y a descansar —pueden dormir hasta 20 horas diarias— pero su intervención durante la caza de presas grandes como búfalos o cebras puede ser decisiva. La coloración de la melena es un indicador confiable de la edad y condición del macho.
20. Hipopótamo

Nombre científico: Hippopotamus amphibius
Aunque pasa gran parte del día sumergido en ríos y lagos, el hipopótamo es técnicamente un animal terrestre que sale a pastar durante la noche. Es el segundo animal terrestre más grande del mundo, solo superado por el elefante: los machos adultos pueden superar los 3.000 kilogramos. Pese a su aspecto torpe y su cuerpo barrilesco, son capaces de correr a 30 km/h en tierra firme durante distancias cortas, y se convierten en los animales más peligrosos de África cuando se sienten amenazados o cuando se interpone algo entre ellos y el agua. Sus colmillos de marfil han provocado siglos de caza furtiva que han reducido drásticamente sus poblaciones a su rango actual en África central, oriental y meridional. Pueden cerrar herméticamente fosas nasales y orejas bajo el agua y contener la respiración hasta cinco minutos.
21. Arañas

Nombre científico: Orden Araneae
Con casi 50.000 especies descritas y miles más por catalogar, las arañas son uno de los grupos de artrópodos terrestres más exitosos de la evolución. Están presentes en todos los continentes excepto la Antártida, lo que significa que, estadísticamente, en casi cualquier punto del planeta habitable la araña más cercana no está a más de tres metros. Las arañas no son insectos sino arácnidos: tienen ocho patas, no seis, y carecen de antenas. Colectivamente, consumen más insectos plaga que todas las aves insectívoras del mundo combinadas, lo que las convierte en controladores biológicos de incalculable valor ecológico. La especie más grande del mundo es la tarántula Goliat comedora de pájaros (Theraphosa blondi), con cuerpos de hasta 30 centímetros incluyendo las patas y colmillos de 2,5 centímetros.
22. Avestruz

Nombre científico: Struthio camelus
El avestruz es la mayor paradoja del mundo de las aves: es un ave que no vuela, pero que corre a 80 kilómetros por hora, convirtiéndose en el animal bípedo más rápido del planeta. Sus alas, aunque no son funcionales para el vuelo, sí le sirven para el equilibrio durante las carreras y para los rituales de cortejo. Pone los huevos más grandes del reino animal —1,4 kilogramos cada uno, equivalentes a 24 huevos de gallina— y tiene el ojo más grande de cualquier animal terrestre vivo, con un diámetro de cinco centímetros. Sus patas son tan musculosas y sus patadas tan poderosas que pueden matar a un depredador del tamaño de un león. Al contrario del mito popular, los avestruces no esconden la cabeza en la arena: cuando perciben peligro, se tumban en el suelo y estiran el cuello para camuflarse con el entorno.
23. Gorilas

Nombre científico: Gorilla beringei
Los gorilas comparten aproximadamente el 98% de su ADN con los seres humanos, lo que los convierte en nuestros parientes vivos más próximos junto a chimpancés y bonobos. Son predominantemente herbívoros: pasan la mayor parte del día masticando tallos, hojas, corteza y frutas. Sin embargo, a diferencia de los chimpancés, no suelen cazar activamente ni consumir carne de forma sistemática. El gorila de espalda plateada —el macho dominante maduro— puede pesar hasta 200 kilogramos y es capaz de desplegar una fuerza física equivalente a 10 veces la de un hombre adulto. Tanto el gorila occidental como el oriental están clasificados en peligro crítico de extinción, principalmente por la destrucción de los bosques tropicales de África central y la caza furtiva. Solo quedan unos 300 individuos del gorila de Cross River, la subespecie más rara.
24. Lagartos monitor

Nombre científico: Varanus komodoensis
Los lagartos monitor son los reptiles terrestres más grandes del mundo en vida actualmente, y su especie más imponente —el dragón de Komodo— puede alcanzar 3 metros de longitud y pesar 70 kilogramos. Presentan una característica biológica que los diferencia de la mayoría de los reptiles: el crecimiento continuo a lo largo de toda su vida, lo que significa que cuanto más grande sea el individuo que encuentres, mayor será su edad. Cazadores activos durante el día, tienen lengua bífida con la que «olfatean» el aire en busca de señales químicas de presas o carroña a kilómetros de distancia. El veneno del dragón de Komodo, descubierto recientemente, impide la coagulación de la sangre y debilita progresivamente a la presa hasta que puede ser consumida.
25. Canguros

Nombre científico: Macropus rufus
El canguro rojo es el marsupial más grande del mundo y el mamífero terrestre más grande nativo de Australia. Los machos adultos pueden superar los 90 kilogramos y alcanzar 1,8 metros de altura. Su locomoción mediante saltos no es solo espectacular: es extremadamente eficiente energéticamente, ya que los tendones de sus patas traseras actúan como resortes que almacenan y liberan energía en cada bote, lo que les permite mantener velocidades de 50 km/h durante distancias considerables con un consumo calórico sorprendentemente bajo. Las crías, llamadas joeys, nacen apenas 33 días después de la fecundación —del tamaño de un guisante— y completan su desarrollo dentro de la bolsa marsupial durante seis a ocho meses. Cuando un canguro detecta peligro, golpea el suelo con sus patas traseras como señal de alarma para el grupo.
26. Camellos

Nombre científico: Camelus dromedarius
Una de las falsas creencias más extendidas sobre los camellos es que almacenan agua en sus jorobas. No es así. Las jorobas contienen grasa concentrada, no agua, y sirven como reserva de energía que puede metabolizarse durante períodos de escasez alimentaria prolongada. El agua, en cambio, la almacenan de forma distribuida en el torrente sanguíneo y en los tejidos corporales. Pueden perder hasta el 25% de su masa corporal por deshidratación sin sufrir daños graves —algo que mataría a un humano en pocas horas— y recuperarla bebiendo hasta 100 litros en una sola sesión. Sus pezuñas anchas y almohadilladas, sus pestañas dobles y sus fosas nasales que se cierran herméticamente son adaptaciones perfectas para sobrevivir en condiciones de arena, polvo y calor extremo.
27. Grillos

Nombre científico: Gryllus campestris
El canto que escuchas en las noches de verano —ese chirrido rítmico y omnipresente— no lo producen todos los grillos, sino exclusivamente los machos, que frotan el borde dentado de un ala contra la otra en un proceso llamado estridulación. Es una señal de disponibilidad reproductiva dirigida a las hembras, que captan estas vibraciones principalmente a través de órganos auditivos ubicados en las tibias de sus patas delanteras. Existe incluso una fórmula empírica —conocida como la Ley de Dolbear— que permite estimar la temperatura ambiental contando el número de chirridos por minuto que produce un grillo. Los grillos son descomponedores fundamentales en los ecosistemas terrestres: consumen materia orgánica en descomposición, hongos y restos animales, actuando como recicladores naturales del suelo.
28. Zarigüeya de Virginia

Nombre científico: Didelphis virginiana
La zarigüeya de Virginia es el único marsupial nativo de América del Norte y un animal que merece mucho más respeto del que suele recibir. Es una máquina biológica de control de plagas: una sola zarigüeya puede consumir hasta 5.000 garrapatas en una sola temporada, además de cucarachas, ratones y otros vectores de enfermedades. Tiene una resistencia extraordinaria a venenos —es inmune al veneno de serpientes de cascabel y mocasines de agua— y rara vez contrae la rabia, posiblemente porque su temperatura corporal es demasiado baja para que el virus prospere. Su comportamiento más famoso —hacerse la muerta— no es un acto consciente sino una respuesta involuntaria al estrés extremo: el animal entra en un estado de letargo durante el que libera un olor putrefacto para completar la ilusión.
29. Búhos

Nombre científico: Bubo bubo
Los búhos son aves de presa nocturnas con adaptaciones sensoriales que no tienen paralelo en el mundo de las aves. Sus oídos asimétricos —uno más alto que el otro en el cráneo— les permiten triangular con precisión milimétrica la posición de una presa en completa oscuridad solo por el sonido que produce. Sus plumas de vuelo tienen bordes suavizados que eliminan prácticamente todo el ruido aerodinámico, convirtiéndolos en cazadores completamente silenciosos. La creencia de que pueden girar la cabeza 360 grados es un mito: en realidad la giran hasta 270 grados en cada dirección, compensando así la rigidez de sus ojos, que no pueden moverse en sus órbitas. No mastican a sus presas: las tragan enteras y luego regurgitan los huesos, pelo y otras partes no digeribles en forma de compactos egagrópilos, que los científicos analizan para estudiar su dieta.
Preguntas frecuentes sobre los animales terrestres
¿Cuál es el animal terrestre más grande del mundo?
El animal terrestre más grande del mundo es el elefante africano de la sabana (Loxodonta africana). Los machos adultos pueden superar los 6.000 kilogramos de peso y alcanzar los 3,3 metros de altura hasta el hombro. Le sigue en segunda posición el hipopótamo, que puede superar los 3.000 kilogramos en ejemplares grandes. En América del Norte, el campeón en peso es el bisonte americano, con toros que llegan a los 907 kilogramos.
¿Cuál es el animal terrestre más rápido del mundo?
El animal terrestre más rápido del mundo es el guepardo (Acinonyx jubatus), capaz de alcanzar velocidades de hasta 112 kilómetros por hora en carreras cortas. Sin embargo, se fatiga rápidamente y rara vez puede mantener esa velocidad durante más de 400-500 metros. El segundo puesto corresponde al antílope berrendo o pronghorn de América del Norte, que aunque alcanza «solo» 88 km/h, puede mantener esa velocidad durante distancias mucho mayores que el guepardo, lo que en términos de resistencia lo convierte en el corredor más formidable del planeta.
¿Qué diferencia a un animal terrestre de uno semiacuático?
Un animal terrestre pasa la mayor parte de su ciclo vital sobre tierra firme, incluyendo sus actividades de alimentación, reproducción y descanso. Un animal semiacuático, como el hipopótamo, el castor o el cocodrilo, divide su tiempo de forma significativa entre la tierra y el agua, utilizando ambos medios para funciones vitales distintas. La distinción no siempre es nítida: el hipopótamo, por ejemplo, se considera terrestre porque depende de la tierra para pastar y para reproducirse, a pesar de pasar muchas horas del día sumergido para termorregularse y proteger su piel del sol.
¿Por qué algunos animales terrestres migran estacionalmente?
La migración en animales terrestres responde a la necesidad de acceder a recursos que cambian geográficamente según las estaciones: pastos frescos, fuentes de agua, temperaturas adecuadas para la reproducción o zonas libres de depredadores. El bisonte americano, el caribú y el ñu africano son ejemplos clásicos de migradores terrestres que recorren cientos o miles de kilómetros siguiendo los ciclos de crecimiento vegetal. En algunos casos, como el de la mariposa monarca —un insecto terrestre—, la migración también permite sincronizar la reproducción con la disponibilidad de la planta hospedera específica de la que depende la especie.
¿Cuáles son los animales terrestres más amenazados del mundo?
Entre los animales terrestres con mayor riesgo de extinción actualmente se encuentran el gorila de Cross River (menos de 300 individuos), el rinoceronte de Java (menos de 70), el tigre de Amur (unos 500 en estado salvaje), el oso polar (amenazado principalmente por la pérdida de hielo ártico) y el elefante africano del bosque. En América del Norte, el lobo rojo (Canis rufus) es uno de los cánidos más amenazados del mundo, con menos de 20 individuos conocidos en estado salvaje. Las causas principales de estas crisis son la destrucción del hábitat, la caza furtiva y el cambio climático.
¿Pueden los animales terrestres adaptarse a entornos urbanos?
Sí, y cada vez más. La expansión de las ciudades ha forzado a muchas especies terrestres a adaptarse o a desaparecer de sus territorios históricos. Algunos han optado por la adaptación con notable éxito: el coyote habita hoy en el centro de ciudades como Los Ángeles, Chicago y Nueva York; las zarigüeyas prosperan en suburbios de toda América del Norte; zorros, mapaches y jabalíes son visitantes habituales de barrios periurbanos en Europa y América. Estas adaptaciones implican cambios en la dieta, en los horarios de actividad y en los comportamientos sociales, y representan un proceso evolutivo en tiempo real que los biólogos están estudiando con gran interés.








