La Antártida es un lugar que desafía cualquier definición convencional de hábitat. Es el continente más frío, más seco, más ventoso y más elevado de la Tierra: temperaturas que descienden por debajo de los -80°C en invierno, vientos que superan los 300 kilómetros por hora y una capa de hielo que en algunos puntos alcanza los 4.800 metros de espesor. Y sin embargo, la vida ha encontrado la manera de prosperar aquí. No a pesar de las condiciones extremas, sino, en muchos casos, gracias a ellas: las aguas frías del océano Austral son extraordinariamente ricas en nutrientes y oxígeno disuelto, lo que sostiene una cadena alimentaria de una productividad sorprendente, desde el krill microscópico hasta la ballena azul, el animal más grande que ha existido sobre la Tierra.
Un dato que sorprende a muchos: los osos polares no viven en la Antártida. Son animales del Ártico, el polo norte. La Antártida, en cambio, es el dominio de los pingüinos, las focas, los albatros y criaturas como el calamar colosal o el pez de hielo, que ha eliminado la hemoglobina de su sangre como adaptación evolutiva a las aguas bajo cero. En este artículo del equipo editorial de Wikianimales encontrarás 15 animales fascinantes que habitan los ecosistemas antárticos, con sus características biológicas más relevantes, sus adaptaciones al frío y los datos que los hacen únicos en el reino animal.
15 animales que viven en la Antártida
1. Pingüino rey

Nombre científico: Aptenodytes patagonicus
El pingüino rey es, para mucha gente, la imagen arquetípica del pingüino: porte erguido, pecho blanco, espalda negra y esas llamativas manchas doradas y naranjas en el cuello y la cabeza que ninguna otra especie posee. Son los segundos pingüinos más grandes del mundo, superados solo por el pingüino emperador, y pueden alcanzar los 100 centímetros de altura y los 16 kilogramos de peso. Su hábitat se concentra en las islas subantárticas —Georgia del Sur, Kerguelen, Macquarie— donde forman colonias de reproducción que pueden superar el millón de individuos.
Una de sus adaptaciones más elegantes al frío es de naturaleza puramente física: sus plumas, dispuestas en cuatro capas superpuestas densamente empaquetadas, crean una barrera casi impermeable al agua y al viento. Cuando necesitan conservar calor, inflan ligeramente el plumaje para atrapar una capa de aire caliente contra la piel; cuando necesitan disipar el exceso de calor —algo que sí ocurre en colonias densas durante el verano— lo despliegan en abanico para liberar ese aire. Es un sistema de termorregulación tan eficiente que los pingüinos rey pueden soportar vientos de -40°C sin ningún tipo de guarida o refugio.
2. Pingüino emperador

Nombre científico: Aptenodytes forsteri
El pingüino emperador es el monarca indiscutible de la Antártida: la especie de pingüino más grande y, sin duda, la que ha desarrollado los comportamientos reproductivos más extremos y más asombrosos de cualquier ave del planeta. Los machos adultos alcanzan entre 110 y 130 centímetros de altura y pueden pesar hasta 46 kilogramos. Para poner en perspectiva su tamaño, un pingüino emperador adulto llega aproximadamente a la cintura de un adulto humano de estatura media.
Lo que hace verdaderamente extraordinario al pingüino emperador es su ciclo reproductivo. En pleno invierno antártico —cuando las temperaturas caen por debajo de los -50°C y los vientos alcanzan los 200 km/h—, la hembra pone un único huevo y lo transfiere con sumo cuidado al macho, que lo mantiene equilibrado sobre sus patas y cubierto con un pliegue de piel abdominal llamado bolsa de incubación. La hembra regresa entonces al mar a alimentarse. El macho permanece inmóvil durante más de 100 días, sin comer, en la oscuridad polar, manteniendo el huevo a 38°C mientras fuera pueden existir -60°C. Para sobrevivir, los machos se agrupan en formaciones compactas llamadas «tortugas», rotando constantemente para que ningún individuo quede demasiado tiempo en el exterior del grupo. Cuando el polluelo nace, el padre le regurgita una secreción proteica producida en el esófago para alimentarlo hasta que la madre regresa. Es uno de los actos de parentalidad más exigentes de la naturaleza.
El pingüino emperador también ostenta el récord de inmersión entre todas las aves: puede sumergirse hasta 565 metros de profundidad y aguantar la respiración durante más de 22 minutos, apoyado por adaptaciones como una hemoglobina de alta afinidad por el oxígeno y la capacidad de reducir drásticamente su ritmo cardíaco durante la inmersión.
3. Pingüino de barbijo

Nombre científico: Pygoscelis antarcticus
El pingüino de barbijo debe su nombre a la fina línea de plumas negras que cruza su barbilla de oreja a oreja, creando la inconfundible apariencia de una correa o barbijo de casco militar. Esta característica lo hace uno de los pingüinos más fácilmente identificables de los siete que habitan en la región antártica. Con unos 65 centímetros de altura, no es el más imponente de su familia, pero compensa en personalidad lo que le falta en tamaño: es famoso por ser extraordinariamente territorial y ruidoso, especialmente durante la temporada de reproducción.
El comportamiento más curioso —y más filmado por los documentalistas de naturaleza— es la batalla de los guijarros. Los machos construyen sus nidos juntando piedras pequeñas en el hielo, y consideran cada guijarro como un recurso de valor incalculable. Se dedican a robar guijarros de los nidos de sus vecinos con una determinación cómica y a defender los propios con una agresividad desproporcionada para un animal de su tamaño. La cantidad y calidad de su colección de guijarros determina en parte su atractivo para las hembras, lo que convierte estas mini-batallas en algo con consecuencias evolutivas reales. Sus plumas, extremadamente densas e impermeables, son su principal protección térmica tanto en el agua como en el hielo antártico.
4. Krill antártico

Nombre científico: Euphausia superba
Si hay una especie sin la cual el ecosistema antártico simplemente colapsaría, esa es el krill antártico. Este pequeño crustáceo de apenas seis centímetros de largo y dos gramos de peso es el pilar de toda la cadena alimentaria del océano Austral. Las ballenas azules, las ballenas jorobadas, las focas, los pingüinos, los albatros, los peces de hielo… prácticamente todo lo que nada, vuela o bucea en las aguas antárticas depende del krill de forma directa o indirecta. Se estima que la biomasa total de krill antártico en el océano Austral ronda los 379 millones de toneladas métricas, posiblemente la mayor biomasa de cualquier especie animal multicelular en el planeta.
El krill antártico es generalmente transparente, con pigmentaciones rojizas y anaranjadas de los carotenoides que obtiene del fitoplancton que consume. Tiene grandes ojos negros muy desarrollados que le permiten orientarse en la oscuridad bajo el hielo marino. Pero su adaptación más sorprendente es la que le permite sobrevivir el invierno antártico, cuando el fitoplancton prácticamente desaparece: el krill puede encoger literalmente su cuerpo —reduciendo su tamaño hasta un 40%— y metabolizar sus propias proteínas musculares para mantenerse vivo durante más de 200 días sin ingerir alimento. Es una de las estrategias de supervivencia más extremas del reino animal.
5. Ballena azul

Nombre científico: Balaenoptera musculus
La ballena azul es, sin matices ni comparaciones, el animal más grande que ha existido sobre la Tierra en toda la historia de la vida. No solo el más grande actualmente vivo: el más grande de todos los tiempos, superando en masa a cualquier dinosaurio conocido. Los ejemplares adultos pueden alcanzar los 33 metros de longitud —equivalente a tres autobuses de ciudad puestos en fila— y pesar entre 100 y 150 toneladas métricas. Su corazón, del tamaño de un automóvil pequeño, pesa aproximadamente 600 kilogramos y late entre 4 y 8 veces por minuto en reposo.
Las aguas antárticas son, durante los meses de verano austral, el principal destino alimentario de las ballenas azules. La razón es simple: el krill. Una ballena azul adulta consume entre tres y cuatro toneladas de krill al día durante la temporada de alimentación. Lo captura con sus barbas de queratina, filtrando enormes volúmenes de agua con cada bocado. Su termorregulaición en aguas heladas se basa en la gruesa capa de grasa subcutánea —el blubber— que puede medir hasta 50 centímetros y actúa como un traje térmico biológico. Pese a su tamaño descomunal, la ballena azul produce el sonido más potente de cualquier animal: sus llamadas infrasónicas alcanzan los 188 decibelios y pueden viajar a través del océano durante miles de kilómetros.
6. Orca

Nombre científico: Orcinus orca
A pesar de llamarse «ballena asesina» en muchas lenguas, la orca no es una ballena sino el delfín más grande del mundo, y uno de los depredadores más sofisticados e inteligentes del planeta. Los machos adultos pueden alcanzar los 9 metros de longitud y las 10 toneladas de peso. En las aguas antárticas, las orcas han desarrollado ecotipos especializados —grupos que cazan presas distintas con técnicas diferentes— que algunos científicos consideran lo suficientemente diferenciados como para constituir especies separadas.
En la Antártida existen al menos cinco ecotipos de orca documentados. El llamado Tipo B Grande se especializa en cazar focas sobre el hielo mediante una técnica extraordinaria: el grupo coordina sus movimientos para crear olas que desequilibran y barren a la foca de la plataforma de hielo. Esta técnica de caza cooperativa, aprendida culturalmente y transmitida de generación en generación —no genéticamente—, es uno de los ejemplos más claros de cultura animal documentados fuera de los primates. La orca se mantiene caliente gracias a su gruesa capa de grasa subcutánea y a la propia actividad física de la caza, que en grupos coordinados puede alcanzar velocidades de casi 50 km/h.
7. Delfín de reloj de arena

Nombre científico: Lagenorhynchus cruciger
El delfín de reloj de arena es probablemente el cetáceo más hermoso visualmente de las aguas antárticas. Su nombre hace referencia al llamativo patrón de manchas y bandas blancas sobre fondo negro que decoran sus costados, creando una figura que algunos comparan con la silueta de un reloj de arena. Es también uno de los delfines más rápidos y acrobáticos del hemisferio sur, conocido por sus saltos y sus acompañamientos a los barcos —el llamado bow-riding— donde cabalga las olas de proa con aparente deleite.
Es una de las pocas especies de delfines que habita de forma permanente en las frías aguas subantárticas y antárticas. Para ello ha desarrollado capas de grasa subcutánea considerablemente más gruesas que las de sus parientes de aguas tropicales, lo que le permite mantener una temperatura corporal constante en un entorno donde el agua raramente supera los 2°C. Los machos adultos alcanzan unos 180 centímetros de longitud y pesan alrededor de 90 kilogramos. Su distribución exacta y sus hábitos de comportamiento siguen siendo relativamente poco estudiados, en parte porque habita aguas entre las más difíciles de acceder del planeta.
8. Albatros errante

Nombre científico: Diomedea exulans
El albatros errante ostenta el título de ave con la mayor envergadura de todo el reino animal: hasta 3,5 metros de punta a punta de ala. Con esa arquitectura aerodinámica, puede volar miles de kilómetros aprovechando el viento sin dar prácticamente ningún aleteo activo, mediante una técnica llamada vuelo dinámico en la que alterna descensos en picado ganando velocidad con ascensos suaves aprovechando la diferencia de velocidad del viento a distintas alturas. Se ha rastreado a albatros errantes recorriendo el océano Austral completo en apenas 46 días. Durante su vida, que puede superar los 60 años, un albatros errante recorre fácilmente varios millones de kilómetros.
Una de sus adaptaciones más singulares es la presencia de fosas nasales tubulares a los lados del pico, que albergan un sofisticado sistema olfativo capaz de detectar el olor de peces y calamares a kilómetros de distancia —algo extraordinariamente raro entre las aves, cuyos sentidos olfativos son generalmente pobres. Estas mismas fosas nasales se cierran herméticamente cuando el albatros se zambulle en el agua. También posee glándulas de sal especializadas que le permiten beber agua marina directamente, eliminando el exceso de sal mediante conductos ubicados a lo largo del pico. En la tradición marítima, matar a un albatros era considerado un presagio de terrible desgracia, una superstición que Samuel Taylor Coleridge inmortalizó en su poema La balada del viejo marinero.
9. Petrel de las nieves

Nombre científico: Pagodroma nivea
El petrel de las nieves es uno de los pocos animales que nidifica en el continente antártico propiamente dicho, y no en las islas subantárticas como la mayoría de las aves de la región. De un blanco puro absoluto —que le sirve de camuflaje perfecto entre el hielo y la nieve— con pico negro y ojos negros, es un ave de entre 28 y 40 centímetros de longitud que parece casi sobrenatural posada sobre el paisaje helado. Sus plumas están impregnadas de aceites que las hacen completamente impermeables, permitiéndole sumergirse en el agua helada y despegar de nuevo sin que su plumaje quede empapado.
Su adaptación más inusual para nidificar en uno de los entornos más inhóspitos del planeta consiste en encontrar grietas en los acantilados rocosos y las laderas montañosas que quedan expuestas durante el verano antártico, donde construye sus nidos protegidos del viento. Cuando se siente amenazado, el petrel de las nieves emplea una defensa química sorprendente: regurgita un aceite estomacal de olor penetrante sobre el agresor, que puede manchar y degradar el plumaje de otros depredadores alados de forma permanente. Su dieta es ecléctica y oportunista: peces, calamares, krill, pero también placenta de foca y carroña de otros animales muertos, algo que convierte a estas inmaculadas aves blancas en carroñeros de primera necesidad cuando el alimento escasea.
10. Cormorán de ojos azules

Nombre científico: Leucocarbo atriceps
También conocido como cormorán imperial, el cormorán de ojos azules es, a primera vista, una de las aves de aspecto más singular de la región antártica. Su característica más llamativa no son sus ojos —que técnicamente son de color marrón oscuro— sino el anillo de piel desnuda de un azul intenso que los rodea, un color que se intensifica notablemente durante la temporada de apareamiento. A esto se añade una protuberancia carnosa de color naranja o amarillo brillante en la base del pico, que también crece y se vuelve más llamativa en época reproductiva.
Son excelentes buzos que se sumergen hasta 50 metros en busca de peces, empleando únicamente sus patas palmeadas para propulsarse bajo el agua con sus alas plegadas contra el cuerpo. Una de sus estrategias de caza colectiva más espectaculares consiste en formar «balsas» de cientos o incluso miles de individuos que nadan en superficie formando una masa compacta, espantando y concentrando los bancos de peces bajo ellos, para luego zambullirse sincronizadamente y alimentarse con mucha mayor eficiencia que si cazaran de forma solitaria. Construyen nidos permanentes con algas, plumas y guano compactado que reutilizan año tras año, y que con el tiempo pueden alcanzar alturas considerables.
11. Foca leopardo

Nombre científico: Hydrurga leptonyx
La foca leopardo es el segundo depredador más grande de la Antártida después de la orca, y el único pinnípedo que caza activa y regularmente otros mamíferos. Su aspecto refleja su papel ecológico: cabeza larga y reptiliana, mandíbulas desproporcionadamente grandes con dientes en forma de tridente para filtrar krill y otros dientes más anteriores puntiagudos y afilados para sujetar presas mayores. Las hembras, más grandes que los machos, pueden alcanzar los 3,8 metros de longitud y pesar hasta 600 kilogramos. Su nombre hace referencia tanto a sus manchas oscuras sobre pelaje gris claro como a su naturaleza de depredador ápex del ecosistema antártico.
La foca leopardo es conocida por sus técnicas de caza de pingüinos, que pueden incluir emboscadas junto a los bordes del hielo o persecuciones acuáticas de alta velocidad: puede alcanzar los 40 km/h en el agua. Sin embargo, su dieta es más variada de lo que sugiere su reputación: el krill y los peces constituyen la mayor parte de sus calorías en muchas épocas del año, mientras que los pingüinos son un recurso estacional. Tiene ojos enormes optimizados para la visión bajo el agua y bigotes sensoriales —vibrisas— que detectan las perturbaciones hidrodinámicas generadas por presas en movimiento incluso en completa oscuridad.
12. Elefante marino del sur

Nombre científico: Mirounga leonina
El elefante marino del sur es la foca más grande del mundo y el mayor carnívoro del planeta por masa corporal. Los machos adultos, que pueden triplicar en tamaño a las hembras, alcanzan los 6 metros de longitud y pesan hasta 4.000 kilogramos. Su nombre hace referencia tanto a su tamaño elefantino como a la protuberancia nasal inflable del macho maduro, que puede superar los 30 centímetros de longitud y amplifica los rugidos durante los enfrentamientos entre rivales en la playa.
A pesar de moverse torpemente en tierra, el elefante marino es un buzo extraordinario: los registros de seguimiento por satélite documentan inmersiones de hasta 2.388 metros de profundidad, y puede permanecer bajo el agua durante más de 120 minutos. Para lograr esto, reduce su ritmo cardíaco a tan solo 4-6 latidos por minuto durante el descenso —una bradicardia de inmersión extrema—, desvía la sangre oxigenada prioritariamente al cerebro y al corazón, y colapsa sus pulmones para evitar el narcosis por nitrógeno. Pasan aproximadamente el 90% de su vida en el mar, regresando a tierra solo para reproducirse y mudar la piel, durante períodos en los que ayunan completamente.
13. Calamar colosal

Nombre científico: Mesonychoteuthis hamiltoni
El calamar colosal es el invertebrado más grande que existe, y uno de los animales más enigmáticos del planeta. La mayoría de lo que sabemos de él proviene de los estómagos de cachalotes y de los escasos ejemplares muertos o malheridos que ocasionalmente aparecen en superficie. Se estima que puede alcanzar los 14 metros de longitud y pesar hasta 750 kilogramos, aunque algunos científicos creen que pueden existir individuos aún mayores en las profundidades inexploradas del océano Austral. Sus ojos, con un diámetro estimado de hasta 30 centímetros, son los más grandes del reino animal, una adaptación para detectar la bioluminiscencia en las profundidades oscuras donde habita.
A diferencia del calamar gigante (Architeuthis dux), cuyos tentáculos tienen ventosas dentadas, el calamar colosal posee ganchos rotativos en los tentáculos, que funcionan como garfios para sujetar presas con una firmeza mucho mayor. Como adaptación a las bajas temperaturas del océano Austral, puede ralentizar drásticamente su tasa metabólica, reduciendo sus necesidades de oxígeno y energía en períodos de baja actividad. También puede expulsar tinta para crear una cortina de oscuridad que lo oculte de depredadores y cambiar la coloración de su piel mediante células especializadas llamadas cromatóforos.
14. Pez plateado antártico

Nombre científico: Pleuragramma antarcticum
El pez plateado antártico —también llamado pleuragramma— es el único pez verdaderamente pelágico de las aguas antárticas costeras, lo que significa que pasa toda su vida en las capas intermedias del mar abierto, sin nunca tocar el fondo ni la superficie. Es extraordinariamente abundante y constituye un eslabón fundamental de la cadena alimentaria antártica: pingüinos, focas, aves marinas y peces depredadores dependen de él como fuente de alimento principal en muchas épocas del año.
Su característica biológica más notable es la producción de glicoproteínas anticongelantes en la sangre, un tipo de proteína especial que se une a los cristales de hielo que se forman en sus tejidos e impide que crezcan hasta tamaños letales. Sin esta adaptación, las temperaturas del agua antártica —que pueden caer por debajo de -1,9°C, el punto de congelación del agua de mar— matarían al pez en minutos. El pez plateado tiene también una vejiga natatoria muy reducida: en su lugar, almacena gotitas de lípidos en los tejidos musculares para regular su flotabilidad, aprovechando que las grasas son menos densas que el agua. Puede vivir hasta 20 años en las heladas aguas australes.
15. Pez saqueador espinoso antártico
Nombre científico: Harpagifer antarcticus
El pez saqueador espinoso antártico es uno de los peces más pequeños de la región —apenas entre 7 y 9 centímetros de longitud media— pero uno de los que posee comportamientos más sofisticados en lo que respecta al cuidado parental. Los machos construyen nidos en grietas rocosas o bajo piedras, y una vez puesta la puesta por la hembra, el macho la custodia de forma activa durante todo el período de incubación, ahuyentando a cualquier intruso y aireando los huevos con movimientos de aletas. Este nivel de cuidado paternal es inusualmente elaborado para un pez de agua fría, donde el metabolismo lento haría esperar comportamientos más pasivos.
Al igual que otros peces del ecosistema antártico, el saqueador espinoso produce proteínas anticongelantes en su sangre que impiden la formación letal de cristales de hielo. Pero añade otra adaptación complementaria: su sangre tiene una viscosidad menor que la de la mayoría de los peces de aguas templadas, lo que facilita la circulación sanguínea en condiciones de frío extremo, donde los fluidos biológicos tienden a volverse más espesos. Come principalmente pequeños crustáceos y otros invertebrados del bentos. Su aspecto —cabeza ancha y aplanada, sin escamas y con espinas visibles en las aletas— le da un aire primitivo que encaja perfectamente con el paisaje de otro mundo de la Antártida.
Preguntas frecuentes sobre los animales de la Antártida
¿Hay mamíferos terrestres en la Antártida?
No, la Antártida no tiene mamíferos terrestres nativos. El continente es demasiado frío, seco y carente de vegetación para sostener fauna terrestre mamífera de forma permanente. Los mamíferos antárticos —focas, ballenas, delfines, orcas— son todos marinos y dependen del océano Austral para alimentarse. Las únicas aves que nidifican en el continente propiamente dicho son los pingüinos y algunas especies de petreles y págalos, y lo hacen durante el verano austral cuando las condiciones son algo menos extremas. El interior del continente antártico es prácticamente estéril de vida animal macroscópica.
¿Por qué no hay osos polares en la Antártida?
Los osos polares son nativos del Ártico —la región del polo norte— y nunca han habitado el hemisferio sur. Evolucionaron hace aproximadamente 150.000 años a partir de una población de osos pardos aislada en el norte de Europa, adaptándose progresivamente al entorno ártico. La Antártida, además de estar en el extremo opuesto del planeta, es un continente rodeado de océano, mientras que el Ártico es un océano rodeado de tierra, lo que significa ecosistemas y cadenas alimentarias completamente distintos. Introducir osos polares en la Antártida sería ecológicamente catastrófico para la fauna local, que no ha evolucionado para enfrentarse a ese tipo de depredador terrestre.
¿Cómo sobreviven los animales antárticos al frío extremo?
Los animales antárticos han desarrollado un conjunto diverso de adaptaciones según su grupo taxonómico. Los mamíferos marinos —ballenas, focas— dependen principalmente de gruesas capas de grasa subcutánea que pueden medir decenas de centímetros. Las aves como los pingüinos combinan plumaje densamente empaquetado en capas múltiples con comportamientos gregarios —las «tortugas» de pingüinos emperadores— para reducir la pérdida de calor colectiva. Los peces y algunos invertebrados producen proteínas o glicoproteínas anticongelantes que impiden la formación de cristales de hielo en sus tejidos. El krill antártico va más allá: puede reducir activamente el tamaño de su cuerpo y metabolizar sus propias proteínas para sobrevivir meses sin alimento.
¿Cuál es el animal más peligroso de la Antártida?
Para la fauna local, la orca es el depredador más peligroso de las aguas antárticas, sin depredadores naturales que la amenacen. Para los seres humanos que visitan la región, la foca leopardo es considerada el animal más impredecible y potencialmente peligroso: es un depredador activo de gran tamaño, con mandíbulas poderosas, y se han documentado casos de focas leopardo que han acosado o atacado a buceadores humanos, posiblemente confundiéndolos con pingüinos. En 2003, una científica del British Antarctic Survey murió ahogada tras ser arrastrada al mar por una foca leopardo durante una inmersión, en el único caso mortal documentado de ataque de esta especie a un ser humano.
¿Están los animales antárticos amenazados por el cambio climático?
Sí, y de forma creciente. El calentamiento global está afectando al océano Austral de múltiples maneras: reducción del hielo marino estacional, acidificación de las aguas, cambios en la distribución y abundancia del krill —base de toda la cadena alimentaria—, y alteración de los patrones de viento y corriente. El pingüino emperor está clasificado como vulnerable y varios modelos predicen que podría perder entre el 50% y el 70% de sus colonias actuales para 2100 si las tendencias de reducción del hielo marino continúan. El krill antártico, cuya reproducción depende del hielo marino como superficie de sustrato, es otro de los grupos con perspectivas más preocupantes a largo plazo.
¿Es el krill antártico el animal más importante del ecosistema antártico?
En términos de impacto ecológico, sí. El krill antártico es el nexo central que conecta al fitoplancton —base de la producción primaria en el océano Austral— con prácticamente todos los grandes vertebrados de la Antártida. Ballenas, focas, pingüinos, albatros, peces y calamares dependen del krill de forma directa o indirecta. Si la biomasa de krill disminuyera significativamente —algo que el cambio climático podría provocar al reducir el hielo marino del que depende su reproducción—, el colapso de la red trófica antártica sería rápido y devastador. Por esta razón, la gestión de las pesquerías de krill antártico —usada principalmente para acuicultura y suplementos de omega-3— está regulada internacionalmente por la Comisión para la Conservación de los Recursos Vivos Marinos Antárticos (CCRVMA).








